5 de agosto de 2013

La zona de confort

Me cuesta mantenerme serena si me llega algún mensaje perdido en el ciberespacio. Me cuesta mantenerme serena si escucho el sonido de las horas que hacen de kilómetros. Y sé, ahora sé, que mi ego era una criatura pequeña, un cobarde fanfarrón que hablaba de implicarse en las experiencias. Sin embargo, después de aprender a bajar y subir escaleras, después de aprender a no acercarse a lo que quema, tuvo que pasarse media vida siendo valiente echándose en las llamas.

Tanto me he cobijado, tanto nido he creado en la ciudad más derechona de Andalucía, que se me había olvidado el placer de la aventura. Sólo que ya no es olvido. Ahora la aventura es reto y es experiencia y todo me empapa, pero el miedo yace conmigo.

Me ha costado tanto aprender a ser feliz que soy mayor y los cambios me alteran el sueño. Me ha costado mucho ser libre y ahora lo soy, pero nunca había tanteado los extremos.

Y ahora, en un extremo del mundo, en la otra punta del día, no hay manos ni abrazos, ni siquiera skype's bar, sólo ánimos y ánimos, mientras las luciérnagas revelan la verdad. Sé cómo ser libre y cómo ser feliz, pero tengo que seguir usando la valentía para poder encontrarme, para poder volver.

4 de agosto de 2013

La luz del lado oscuro

Soy una piedra rota en tu camino,
una niña huyendo del miedo.
Tan lejos he llegado que ahora sé
que hay un monstruo bajo mi cama.

Puedes ver a través de mí y ves
el dolor y el abismo que se abren
cuando espero que me venza el sueño
o intentas enseñarme a vivir.

Tú apagas los fuegos y pesadillas,
pones la voz al final del túnel
deseando que la reconozca
y te duelen las espadas que lanzo
cuando me olvido de quién eres.

Eres la paciencia irascible de alguien
que espera a que deje de llover,
la sinceridad absurda que cuenta
que somos dos piezas entre mil
de un puzzle sin empezar, dos juntas
en la misma esquina del paisaje.

Esperas que todo tenga sentido
y entonces me miras
y soy perfecta.

5 de julio de 2013

Primer invierno premenstrual

A veces me gustaría
que la vida se olvidara de mi
tan sólo un segundo.
Me gustaría
cerrar los ojos y hacerme invisible,
que el mundo obvie que lo habito.
Y a veces, es más fácil
que pensar que no me hundo,
que puedo hacer las cosas bien,
más facil, incluso,
que cogerte de la mano
y pasear.

26 de mayo de 2013

Gijón-Sevilla

La noche me lleva de la mano,
el viaje pesa en mi espalda
y la sidra me arroja al sueño
que me deshace los ojos.

Su voz, inconfundible, llena el aire.
El tono enciende las luces.
Se quieren mucho contra esta pared
y mi estómago lo siente.

Es verano y el calor huye de sábanas.
El gintonic me arrastra al lavabo.
El agua me devuelve el recuerdo
de cazadores furtivos que apuran
las horas de los bares,
y el ascenso imperdonable
a un colchón ruidoso.

Me sobran espacios en este cuarto
para no dejarte dormir.
Me faltan tus dedos, que abras
la puerta sin permiso y gritemos
nuestro insomnio en este hotel
mientras miras mi espalda en el espejo.

21 de mayo de 2013

Sensaciones absurdas de derrota

Hace tiempo que terminé un poemario. Hace tanto, que ahora y sólo ahora soy capaz de corregirlo con cierta honestidad, con cierto sentido crítico. Ya queda poco de lo que escribí ahí, creía. Ya no siento reales las historias que conté. Ni siquiera soy capaz de jactarme de que el poemario está dedicado y esa persona jamás lo sabrá. 

Aunque es cierto que ese poemario está lleno de pequeñas verdades, también hay muchas mentiras. Las verdades son las que cuento, y las mentiras, las que quise contarme a mí misma cuando lo terminé.

Al final se quedó corto. Y lo peor, es que la terapia no fue suficiente. Esos poemas sólo son algunos hijos más, ciegos, como todos. Siguen sin verte los cuernos y el rabo. 

Lo peor de la terapia es que se quedó en un parto de nueve meses y un poema genial. Ahora, ya no me quedan palabras, ni letras que escupir. 

Al fin y al cabo, una ene no sirve para cortarle el cuello a alguien. La venganza es, sencillamente, imposible.


25 de diciembre de 2012

Pesadilla antes de Navidad

Pensé que me dabas los buenos días,
que eras la alegría
y no un caballo de Troya
o el fin del mundo.

Sigues siendo el deshielo y las flores,
la manera especial en que
viven y se aman
y se tienen el uno al otro,
el orden y el caos.

Pensé que eras...
Pensé que eras mío.
Sentí que eras de foma
dramática, mítica y deseable.

Y yo, capricho del mundo inexistente,
vìscera terrible y racional,
me hundo de olvido si lloras
y gritas que no soy la vida
o la piedra, el amor
o un rugido a media noche,
la súbita consciencia de que alguien
te lamenta justo ahora.

11 de diciembre de 2012

The best brother ever

Hace casi un mes fue el cumpleaños de mi padre. Estuve con él en la Taberna del Libro, le enseñé los libros y le compré una botella de vino. José Manuel Alfaro nos atendió como él sólo sabe hacer y acabamos bebiendo vino, como no podía ser de otra manera. Estábamos tan a gusto que la anécdota les llevó a hablar de mí. Delante de mí. Y me sentí como una niña en la estrevista del profesor con sus padres. 

Tengo un padre fan y un librero fan también. Y fue un gran descubrimiento. Pero mi padré recordó el modo en que me metí en esto. 

Yo soy de esos niños que hacen algo desde siempre. En mi caso, escribir. Mi hermano me pidió textos y se los di. Me pidió que hiciera una descripción suya a mi manera para enseñarlo en una exposición de pintura en el Pub Ottawa. En  Madera Húmeda. Era una tertulia que se hacía por aquel entonces en Huelva y que llevaba un profesor de historia. No sé quién, pero lo hicieron. Le dijeron a mi hermano que me llevara un día por allí.

Red de contactos, como siempre. Pero unos viernes más tarde, la que apareció por allí era una cría de trece años acompañada de su hermano, con textos en una libreta y un portafolio. Por aquel entonces estaba cansada de lo que tenía que escribir en el colegio, estaba cansada de la poesía y de la forma burda en que los adolescentes entienden el amor. Por aquel entonces ponía mi edad a la venta, y esperaba a que los demás hicieran apuestas. 

Un día, mi hermano se fue a Valencia a seguir formándose. Y yo, con su ayuda y mis ganas, pude seguir yendo a las tertulias sola. Madera Húmeda vino acompañada de la Tertulia Sin Nombre, o la del Kroxan. Tenía quince años.

De los poetas de entonces, los hay que me dieron la experiencia para ser una poetisa joven. Incluyendo el drama que toda poetisa joven alberga en su histora. Algunos se perdieron, otros son buenos amigos y los hay que ganan premios, también.

Esta es la historia de cómo me convertí en una adolescente poetisa vieja. Pero lo importante es que aún tengo esto en mi memoria, que recuerdo cómo fue y que fue mi hermano el que me puso a andar. 

Aún guardo las cartulinas negras, con papel pintado en ocre, de los textos de los hermanos Bueno en una exposición de pintura del extinto Pub Ottawa. 




PD: Huelva, tú antes molabas.