21 de mayo de 2013

Sensaciones absurdas de derrota

Hace tiempo que terminé un poemario. Hace tanto, que ahora y sólo ahora soy capaz de corregirlo con cierta honestidad, con cierto sentido crítico. Ya queda poco de lo que escribí ahí, creía. Ya no siento reales las historias que conté. Ni siquiera soy capaz de jactarme de que el poemario está dedicado y esa persona jamás lo sabrá. 

Aunque es cierto que ese poemario está lleno de pequeñas verdades, también hay muchas mentiras. Las verdades son las que cuento, y las mentiras, las que quise contarme a mí misma cuando lo terminé.

Al final se quedó corto. Y lo peor, es que la terapia no fue suficiente. Esos poemas sólo son algunos hijos más, ciegos, como todos. Siguen sin verte los cuernos y el rabo. 

Lo peor de la terapia es que se quedó en un parto de nueve meses y un poema genial. Ahora, ya no me quedan palabras, ni letras que escupir. 

Al fin y al cabo, una ene no sirve para cortarle el cuello a alguien. La venganza es, sencillamente, imposible.


25 de diciembre de 2012

Pesadilla antes de Navidad

Pensé que me dabas los buenos días,
que eras la alegría
y no un caballo de Troya
o el fin del mundo.

Sigues siendo el deshielo y las flores,
la manera especial en que
viven y se aman
y se tienen el uno al otro,
el orden y el caos.

Pensé que eras...
Pensé que eras mío.
Sentí que eras de foma
dramática, mítica y deseable.

Y yo, capricho del mundo inexistente,
vìscera terrible y racional,
me hundo de olvido si lloras
y gritas que no soy la vida
o la piedra, el amor
o un rugido a media noche,
la súbita consciencia de que alguien
te lamenta justo ahora.

11 de diciembre de 2012

The best brother ever

Hace casi un mes fue el cumpleaños de mi padre. Estuve con él en la Taberna del Libro, le enseñé los libros y le compré una botella de vino. José Manuel Alfaro nos atendió como él sólo sabe hacer y acabamos bebiendo vino, como no podía ser de otra manera. Estábamos tan a gusto que la anécdota les llevó a hablar de mí. Delante de mí. Y me sentí como una niña en la estrevista del profesor con sus padres. 

Tengo un padre fan y un librero fan también. Y fue un gran descubrimiento. Pero mi padré recordó el modo en que me metí en esto. 

Yo soy de esos niños que hacen algo desde siempre. En mi caso, escribir. Mi hermano me pidió textos y se los di. Me pidió que hiciera una descripción suya a mi manera para enseñarlo en una exposición de pintura en el Pub Ottawa. En  Madera Húmeda. Era una tertulia que se hacía por aquel entonces en Huelva y que llevaba un profesor de historia. No sé quién, pero lo hicieron. Le dijeron a mi hermano que me llevara un día por allí.

Red de contactos, como siempre. Pero unos viernes más tarde, la que apareció por allí era una cría de trece años acompañada de su hermano, con textos en una libreta y un portafolio. Por aquel entonces estaba cansada de lo que tenía que escribir en el colegio, estaba cansada de la poesía y de la forma burda en que los adolescentes entienden el amor. Por aquel entonces ponía mi edad a la venta, y esperaba a que los demás hicieran apuestas. 

Un día, mi hermano se fue a Valencia a seguir formándose. Y yo, con su ayuda y mis ganas, pude seguir yendo a las tertulias sola. Madera Húmeda vino acompañada de la Tertulia Sin Nombre, o la del Kroxan. Tenía quince años.

De los poetas de entonces, los hay que me dieron la experiencia para ser una poetisa joven. Incluyendo el drama que toda poetisa joven alberga en su histora. Algunos se perdieron, otros son buenos amigos y los hay que ganan premios, también.

Esta es la historia de cómo me convertí en una adolescente poetisa vieja. Pero lo importante es que aún tengo esto en mi memoria, que recuerdo cómo fue y que fue mi hermano el que me puso a andar. 

Aún guardo las cartulinas negras, con papel pintado en ocre, de los textos de los hermanos Bueno en una exposición de pintura del extinto Pub Ottawa. 




PD: Huelva, tú antes molabas.

7 de octubre de 2012

¡Rápido! ¡Corre!

Después de un tiempo pensando me he dado cuenta de por qué, cuando salgo del metro, intento bajar las escaleras la primera. Entiendo, por fin, que lo que peor me sienta de entrar tarde a trabajar es que el metro lleva más viajeros. (Este metro de juguete que tenemos en Sevilla). 

Por fin entiendo que corro e intento bajar las escaleras la primera porque no soporto ir detrás. Sin embargo, no es por competición, por ganar o perder. 

Simplemente, no soporto que mi ritmo se rija por el de los demás.
Sencillamente, no soporto la certeza de estar en mitad de una multitud que tiene rutinas y horarios, que bajan escaleras y miran el reloj. 

Cuando voy a trabajar, rodeada de estudiantes autóctonos y extranjeros, profesores y administrativos, odio saberme dentro de la masa. 

Salgo del metro y lo hago rápido porque no me conformo con ser un individuo. 
Sólo soy un número de identificación fiscal.

13 de agosto de 2012

Corrigiendo el dolor

Este poema es nuevo. Aunque tiene su tiempo, terminé de escribirlo hace poco. Ahora estoy en esa época productiva sin nada nuevo, con poemas que no terminan nunca y que me dicen que están incompletos. Pero estoy disfrutando de ese desafío, del sabor, de haber terminado un poemario, mejor o peor, y empezar a escribir otro. Donde siempre, el poema es una incógnita y puede ser sustituido.

Aún ando buscando un título




Los escalones se descuelgan
de esta casa. 
Se me olvida la sintaxis,
el desorden lógico del estrés, 
el azar cíclico de las hormonas, 
los caminos al rincón oscuro.

Escucho una campana
y vuelvo a sentir el sabor
de la sangre en la boca.
He aprendido a morder, 
a desgarrar, a comerme
el corazón de la presa. 

Pero ya dejé mi abdomen
dispuesto y cedido
al placer y la derrota, 
al puñar y el pellizco.

Ahora sólo sé correr
en huida constante 
hacia la luz. 

Ahora soy yo 
quien teje la vida
con sus propias manos.
Soy yo la destrucción
y soy yo, también, 
la entrega.









6 de junio de 2012

La inconsistencia

Me gusta, no sé cómo decirlo. No sé si perderé tildes en este post.

Pero veo la revolución en facebook. Veo quejas que se desvelan y se pierden. Veo el mundo y su devenir - inevitable- en los estados de mis amigos -lo sean o no-. Todo expuesto en la mitad latente de un monopolio.

Y así, entre letra y letra, sólo algunos se pierden en la Calle por gritar.

Mientras tanto, yo echo de menos el cigarro de liar. Y suena la atronadora música de los pájaros de mi barrio.

Y tengo sueño; muero y me canso. Y duermo. La metáfora realista y la forma ineludible del deber.

28 de mayo de 2012

La segunda persona

Sabes que te miro
y sabes, también,
justo ahora,
que me enciendo un cigarro,
que me bebo un gin-tonic
y cojo un bolígrafo,
que te estoy haciendo poema.