13 de octubre de 2013

DE CÓMO ANDAR

Te perdí un día caminando
por esta calle americana.
Pudo ser cualquier día del mes
pero ese domingo volvía
a una casa ajena donde
me he empeñado en vivir.
En mi cuarto habita la nada
y cuando duermo los recuerdos
asoman por los cajones y el caos
de una habitacion sin dueño.
Al principio me hablaba del tiempo,
de su extensión viperina y la ciudad
que vive escondida en el horizonte,
pero ahora las paredes de este zulo
me queman por dentro,
me dicen que corra.

Te has borrado de mis retinas
y mis depresiones hormonales,
me has dejado ser persona
sin acordarte de las grietas
que componen mi alma.

Soy un escudo que desea
ser feliz mientras la vida
se le resbala por el cristal.
Pero ya ni siquiera llamas
mientras piensas si dejarme caer,
y yo me he quedado sin nombre.

15 de septiembre de 2013

CÓMO ENTERRAR UN CADÁVER

A veces creo que me mataste
y no he sabido darme cuenta,
como si tuviera todavía
cinco pasos antes de que explote
el corazón en mi pecho.

Mientras tanto sigo moviéndome,
soy un espíritu, casi un fantasma,
y sólo intento no deshacerme
a medida que me arrastro.

Sin embargo, sé muy bien
cómo disimular, cómo
hacerte creer que soy real
de carne y hueso, y puedes
agarrarme por la cintura
o de la mano.

Pero a mí no podrás encontrarme
porque ando perdida intentando
salir de la cárcel, tratando
de ocupar el cuerpo
que tú me destrozaste,
agarrar esta mente marchita
que sigue sin saber vivir.

2 de septiembre de 2013

Hasta el más tonto hace relojes

Era joven, muy joven, y me paseaba por círculos literarios con una poesía hecha en casa, con un portafolio con la cara de un payaso. A pesar de todo, me escuchaban, y yo dejaba que me empaparan con toda la experiencia y la vida de la década que me faltaba. Tenía el alma menos corrupta que ahora, pero ya la llevaba rota. De modo que, en cierta forma, vivía por y para eso, sobrevivía con las tertulias, con lo que hablaba con la gente, y también con lo que no hablaba. Como digo, he seguido los pasos, los tópicos, uno detrás de otro. Lo que sí es cierto, es que me agarré a eso como un clavo ardiendo y fui creciendo en eso. Todo era un yo poeta que no sabía que iba para científico.

Pasaron cinco años y me enfadé, me enfadé porque no quería ser el entremés de un ayuntamiento, o la excusa de una diputación, me cansé de la condescendencia. De los mentores que siempre te ven joven, y que siempre te ven mujer. Y me cazaron y me encerraron y pasé tres años en la cárcel. 

Cuando salí no recordaba mi nombre, no recordaba quién era. Me ha costado y me sigue costando reconocerme en el espejo a mi misma. Pero la poesía vino a mi otra vez como el punto de cordura. Con un verso más largo, con una historia más cruda, con el frío de tres años de soledad en la consciencia. Con una amalgama de malos sueños, de sucesos e historias para no contar. Y yo las contaba, después de escribirlas, después de comprenderlas. 

Y resulta, que habiéndome arrastrado por el barro durante tantos años, después de haber luchado a mi favor y en mi contra, después de haberme llevado la poesía a cada cloaca y tener mil cuadernos manchados, me siento a mirar y no soy nada. Durante mucho tiempo pensé que yo era mediocre, pero ahora sé que sólo era honesta. La adolescencia se me fue de las manos, al lado de mi casa, bajo la atenta mirada de mis padres. Nunca necesité aventuras para sentir ni para hundirme. Y escribo como terapia, como siempre. 

Los poetas, ahora, no existen. Los veo a ellos, perfectos y benditos por una musa popera. Son criaturas bellas, que beben vino, que visten bien, que pasean sus reflex por Madrid, Bilbao y Barcelona. Son poetas cosmopolitas, aparentemente rotos, que sus padres enviaron a vivir vidas ajenas. Realmente, nada les pertenece, ni siquiera los libros de sus estanterías. Ni siquiera la voz y el sufrimiento de unos poemas cortos, inútiles, vacíos, llenos de palabras que suenan mal. A sus mentores, el vino les gusta igual, son igual de bellos, aunque más viejos, y su vida se les escapa de los dedos mojando a sus niños con cierta lujuria. Al principio todo parecía un nuevo amanecer. Una ola de innovación y creatividad, la vanguardia. Pero todo es mentira, sólo son decadencia, pero sin la suciedad de la emoción. Son sólo decadencia y apatía, palabras con sonido horrible que duelen por agotamiento, el váter impecable de la primera dama, vómito de jamón y vino. 

Ni los quiero ni los compro, a veces, incluso me dan vergüenza.

26 de agosto de 2013

Lost connection

Cada vez que intento trabajar desde fuera de Sevilla, intento entrar a los ordenadores vía ssh. Siempre. Siempre hay un momento de duda y desasosiego cuando:

ssh -l rocio papafrita.jelou

El tiempo se para y esperas por favor que salga el siguiente mensaje:

The authenticity of host 'papafrita.jelou' can't be established.
Are you sure you want to continue connecting (yes/no)?       yes

Hasta ese momento todo el mundo se concentra en una única gota de agua que está a punto de irse por el desagüe. Todo tu presente inmediato, las próximas horas, los próximos días, los meses siguientes, van a regirse por esa gota, esas llaves que se caen cerca de una rendija, esa puerta que va a cerrarse por el aire.

Pero hay veces es más así:

ssh: papafrita.jelou: Name or service not known

Y la gota se va por el desagüe y con ella el mundo, las llaves caen en la rendija y con ellas la posibilidad del hogar, la puerta se cierra violentamente y después sólo queda silencio.



Algo así pasa cuando pides una beca, cuando mandas un email importante.



Es como cuando quieres mucho a alguien.







23 de agosto de 2013

Siete horas de menos, cinco horas de más

Mientras leéis libros antes de dormir, mientras os laváis los dientes, yo mando algunas simulaciones para que corran durante el fin de semana. Es por la tarde aún, viernes, y aunque Chicago tiene que estar llena de antros interesantes, no soy yo fan de andar a oscuras y sola por la ciudad más gángster. 

Vivo al revés y no sabéis nada de mí. No sabéis que como sándwiches, y que ceno cualquier cosa que se haga con agua caliente. Algunos sabéis que esto mola, y que no tengo cámara, o que mis compañeros son guays y hay tequila y cerveza, pero que el espacio que recorro día tras días están contenidas en un campo de fútbol. Algunos sabéis que sólo podéis hablarme si tenéis tiempo. Que os exponéis a que os suelte párrafos interminables, a que os hable de tonterías.

Entonces, salgo de trabajar y voy a casa. Si es martes, no hay puntos verdes en facebook. Lo único que me queda por hacer es calentar agua y buscar algo en series.ly (dos horas de algo, por favor). Y esperar a ver si agosto me regala algún trasnochador, por calor o por cerveza. 

Antes de irme a la cama, y leer "A Dance of Dragons" durante dos horas, os dejo un comentario en facebook. Algunas veces son tonterías absurdas de las que nos gustan, otras veces me río de mi misma, y las peores, cuando ovulo o el síndrome premenstrual me azota el hipocampo, simplemente publico algo que entiendo gracioso. En este punto es una alegría que alguien comente, o que simplemente le guste. Si a la mañana siguiente hay más de dos me gusta, sé que de alguna forma, os acordáis de mí. 

Las redes sociales no me gustan por impersonales, pero mantienen mi cordura. 

Si a esto podemos llamarlo cordura.

5 de agosto de 2013

La zona de confort

Me cuesta mantenerme serena si me llega algún mensaje perdido en el ciberespacio. Me cuesta mantenerme serena si escucho el sonido de las horas que hacen de kilómetros. Y sé, ahora sé, que mi ego era una criatura pequeña, un cobarde fanfarrón que hablaba de implicarse en las experiencias. Sin embargo, después de aprender a bajar y subir escaleras, después de aprender a no acercarse a lo que quema, tuvo que pasarse media vida siendo valiente echándose en las llamas.

Tanto me he cobijado, tanto nido he creado en la ciudad más derechona de Andalucía, que se me había olvidado el placer de la aventura. Sólo que ya no es olvido. Ahora la aventura es reto y es experiencia y todo me empapa, pero el miedo yace conmigo.

Me ha costado tanto aprender a ser feliz que soy mayor y los cambios me alteran el sueño. Me ha costado mucho ser libre y ahora lo soy, pero nunca había tanteado los extremos.

Y ahora, en un extremo del mundo, en la otra punta del día, no hay manos ni abrazos, ni siquiera skype's bar, sólo ánimos y ánimos, mientras las luciérnagas revelan la verdad. Sé cómo ser libre y cómo ser feliz, pero tengo que seguir usando la valentía para poder encontrarme, para poder volver.

4 de agosto de 2013

La luz del lado oscuro

Soy una piedra rota en tu camino,
una niña huyendo del miedo.
Tan lejos he llegado que ahora sé
que hay un monstruo bajo mi cama.

Puedes ver a través de mí y ves
el dolor y el abismo que se abren
cuando espero que me venza el sueño
o intentas enseñarme a vivir.

Tú apagas los fuegos y pesadillas,
pones la voz al final del túnel
deseando que la reconozca
y te duelen las espadas que lanzo
cuando me olvido de quién eres.

Eres la paciencia irascible de alguien
que espera a que deje de llover,
la sinceridad absurda que cuenta
que somos dos piezas entre mil
de un puzzle sin empezar, dos juntas
en la misma esquina del paisaje.

Esperas que todo tenga sentido
y entonces me miras
y soy perfecta.